martes, 20 de julio de 2010

Hojas

Hemos creado un espacio absoluto, un diminuto rincón con baldosas mojadas. Hemos traspasado el tacto de los besos hasta la herida, hasta la fibra más caliente y humana. Rodeados de litros de agua blanda y helada, perdidos en la marca que nos puso el sol. Desesperamos ante al calor, buscamos el frío y de nuevo la calima ardiente de los días. Las horas rojas, las horas más rojas de la tarde tienen algo de vida que me gusta. Patadas a la desesperada. Contenemos la sangre en la mirada y la mirada en la palabra. Hoy me resulta difícil decir espalda, decir pan y decir basta. Otro abrazo en el filo de la cornisa, otra orilla a punto de desbordar. Salimos dañados del borde de la risa, pero hemos tomado aire suficiente para nuevas mentiras. Hay un arma blanca creando cielos de tormenta y sigue la vida, como siempre la vida.

lunes, 28 de junio de 2010

Rompiendo el cielo



Habrá una palabra
que nos saque del error,
letra a letra,
con acento
y con descaro.

Unidos los silencios
dando aliento a cada infarto.
Que no se mueven las hojas
desde que ataca el verano;
y ya era hora.

Los ojos de lluvia,
con tormentas eléctricas,
acaparando cada charco,
cada relámpago.

Un beso con rima asonante
danzando,
bailando...
posado en el aire.

lunes, 14 de junio de 2010

Basado en hechos reales



Desde que vivo en esta casa, mi casa, empezó a llegarme correspondencia que no venía dirigida a mí, pero sí a la dirección en la que vivo. Resulta que un tal Andrés Fernando eligió al azar mi dirección postal para que los señores de Teléfonica le enviaran sus facturas. Una que presume de buena persona y mejor ciudadana, se puso en contacto con la compañía de telefonía fija, en pleno proceso de extinción, para que Andrés Fernando recibiera las facturas en su hogar, cualquiera que fuese. Una amable y simpática señorita me agradeció la gestión y me pidió de antemano disculpas por si volvía a recibir alguna otra factura; eso me olió a más facturas en mi buzón de imediato. Varios soles y varias cartas después Telefónica ya no manda facturas, pero sí recibo las reclamaciones de una gestoría de abogados por el impago de las facturas de Andrés Fernando. A veces temo, cuando suena el timbre, que sean unos señores vestidos de azul que intentan esposarme, aunque cualquier parecido con mi compañero de buzón será pura casualidad, ni bocado de adán, ni testosterona, me temo.
Ahora sé, gracias a su vida laboral, que tiene diez años menos que yo, y que en la actualidad trabaja para una pequeña empresa dedicada a la pintura.
Y no sé si este tema pueda acarrearme algún problema burocrático o económico. Yo, por si acaso, ya no ando desnuda por casa, temo que uno de estos días pueda toparme por el pasillo con él.

sábado, 22 de mayo de 2010

Lentitud y desvelo

Avanzo despacio, muy despacio;
con las piernas pesadas,
con temblor en las manos,
con las tristezas revueltas en la caja torácica
y los trozos de vida esparcidos en el suelo.

Ninguna luz delante del espejo,
ninguna señal de vida humana,
silencio y sólo silencio.
Con las penas desnudas,
el pasado con sombrero,
el dolor por el dolor
y los reflejos del amor
confundidos con el miedo.

Sal de ese rincón,
de los gritos,
de la pena como hambre,
del negro sobre negro,
de la sed de un cielo roto,
de la maraña de complejos
y de la duda miserable.

lunes, 17 de mayo de 2010

De un extraño ritmo de vida
nace la mañana.
Nos conduce hacia un día claro
empeñado en su comienzo.
No borramos nuestras huellas
por miedo a perdernos
y ese miedo es el que marca las pautas,
el que gasta fianzas
y trabaja duro rompiendo nuestros huesos.

No trato de planear una huida
sólo quiero sentirme un poco lejos,
pero al lado del latido del oleaje del suelo.

jueves, 6 de mayo de 2010

Todavía

Se nos caen las estrellas del cielo
como mechones de pelo desolado en el lavabo
y boquean como pececitos de colores de cristal.
Son un cuenco reluciente de lágrimas
descansando en otro dolor;
ajeno, egoísta, desamparado.
Si ya no respiran será por mi rabia,
o por tu ausencia,
o por la aburrida trama de mi cansancio.

Ni una estrella más en los lavabos.
Cuidemos de su ingravedez
para que alumbren,
para que sueñen,
para que enseñen...
que aún se puede,
que aún hay tiempo.
Y podamos volver a notar los latidos del fuego
y tener un motivo para empezar.

lunes, 3 de mayo de 2010

la lejanía de una nube

La vulgaridad de las palabras inútiles
retumba en mi cabeza recién estrenada

la magia es mentira

el silencio en las manos es una promesa

la mediocridad embalsama cada espina

y la suciedad de la fe
emborronando los márgenes del tedio

Hace falta una pausa para volver del todo
y yo siempre estuve de paso

Viviré de otra suerte
y maldeciré la rabia de haberlo intentado

No sé si fue cierto o lo he soñado

jueves, 29 de abril de 2010

me siento en el filo de tus huesos
inquieta, despavorida, buscando la calma
y remiendo la mañana de este sol de madrugada
que ilumina un cielo a punto de estallar

con persianas abiertas como párpados asombrados
con ventanas sin cristales y con cartones de color
con calles de aromas dulces y sabor a canela
con luces con viento con verdades


tendremos que esperar otro silencio
para echar a andar olvidándonos del tiempo
y llenarnos los bolsillos de alimentos
por si nos da por no volver

o quizá nos dé por echar ancla en otro puerto
o por activar el mecanismo de una huida
o por sentir que no sentimos nuestras dudas
y dejarnos de la mano del azar y de la vida


dime que estarás allí conmigo
y dime que no es una mentira

sábado, 24 de abril de 2010

Desde arriba



Darse cuenta no es suficiente, cambiar el rumbo precisa otro esfuerzo. Existir no es lo mismo que resistir, ni mucho menos; pero ahí andamos. Manteniendo el tipo contra el viento, aguantando la mirada ante dragones furiosos y, como poco, templados. No hay que conceder ni medio milímetro a la duda, pero sólo el pensar que debemos estar alerta es una señal suficientemente clara de que algo anda mal.
Buscar otras lunas es maldecir a la noche. Lo que nos dice el cielo a veces es puro desorden, y el viento sigue sin parar. Estos últimos días las nubes me han enseñado las saludables propiedades de la hipnosis y me engancho al aire para poder ver desde arriba el cuento del revés. Puede que me equivoque, pero tiene que haber otro tipo de luz tras el silencio de este horizonte.

jueves, 15 de abril de 2010

Días laborables

Me entristece salir a la calle y mirar y no ver más que cosas feas, o paredes sucias, o caras tristes, o paisajes de hormigón, cables eléctricos y humo. Los caminos no me llevan a ninguna parte, porque nada acaba donde quiero sino donde el reloj y el contrato-cárcel me dirigen. Yo no paseo. Rara vez miro al cielo. No soporto cruzarme con malos modales. Y me estorban enormemente los charcos de arena pisoteados, porque la lluvia está sucia cuando el madrugar me duele. Es inevitable, las aceras son horribles a las siete de la mañana, cuando mis pies se arrastran hacia otro día igual que el de ayer. No encuentro nada que me despierte o me haga mover la boca en forma de cosquilla. Nada me espera al otro lado, todo va ser lo mismo. Y repito cada día, y espero a que la semana se agote mientras sueño con la libertad del quinto día por la tarde. Y vuelo de reojo, buscando otro trozo de carne que tenga la tristeza que conozco, pero nada. No encuentro nada. Ni una señal de vida humana para mis manos heladas, ni un roce de miradas para estas pestañas que pesan y hieren las ojeras haciendo surcos para las lágrimas. Dentro de poco será peor, porque el verano traerá a un agosto cansado con ganas de más libertad, y costará subir la cuesta hasta llegar al mes de las mañanas sin despertador. Pero sólo por eso lo volveré a intentar mañana, por eso y por ver si por fin encuentro esa otra lágrima buscando miradas.

domingo, 28 de marzo de 2010

Cuando no estoy donde estoy

Estoy en el color más vivo de la oscuridad,
donde la vida encuentra una ventana para la huida
y el miedo echa el ancla en el mar de las bocas perdidas.

Podrás encontrarme en los silencios de las tormentas
y en las aguas de los ríos que se secaron
por la erosión de raros y lejanos planetas.

Me detengo en el vuelo de las luces artificiales
donde no llega el viento,
y en los ojos que se cerraron por el miedo.

Y también en la distancia más corta que hay entre dos labios
cuando un golpe interrumpe lo que pudo ser un beso.

Y en la sombra de lo que pisas,
en la vacío de las heridas,
en las mentiras que no contamos,
en la tristeza de una lágrima,
en el ruido de las cadenas,
en la frontera entre dos mundos,
en el peligro de un incendio,
en la caída de una cometa,
en el vértigo de las avispas,
en el final de una vela,
en la sentencia de un asesino,
en la esquina de la pobreza,
en la mirada de un culpable
en la rutina de una amenaza
y en la duda de las certezas.

lunes, 8 de marzo de 2010

Al Sur



Las calles se deshacen por los pasos lentos del Albaicín.

Retengo recuerdos de noches pisando las nubes
que nos traían otros sueños.

Todo era cierto pero sacado de un cuento.

Deseos o promesas. O quizá todo a la vez.

Rara vez se cruzan luna y luz...
y en Graná todo es vela encendida
y paredes pintadas sobre el color de la orilla de otro mar,
un mar de color tornado en blanco.

Y una huella desconchada de aquel poeta
que corrigió la aurora con sus persianas.


La foto que una vez prometí.

martes, 2 de marzo de 2010

Qué miedo que el sol no nos despierte, qué cierta la noche con su tiempo pausado y su promesa de luz, pero a lo lejos. Es desquiciante y a la vez tranquilizador ese silencio de la araña trepando, lenta, por la pared blanca, dejando un surco imposible a la vista que nos recuerda la falta de quietud de las horas sin luz. Porque la noche es estrella y cielo y guerra, pero sólo a veces. La oscura pasión con la que avanza, miserable la memoria, por rincones que debieran ser olvidados. Y las lentas agujas del reloj en la niebla martilleando a conciencia el sueño que llega cuando parece que aún estamos despiertos pero empezamos a entran sin darnos cuenta por la tela tejida de la araña. Y la sombra se hace grande y me envuelve y me empapa de miedo cuando la noria decide parar el lo más alto en plena tormenta. Hay sueños tan reales que deberíamos pagar por ellos, y pesadillas tan atroces como dientes arrancados de cuajo. No quiero el riesgo de la caída sin red cuando mi cuerpo quieto y reposado no espera el vértigo sino la paz. Imagino una mano fuerte y caliente y la guardo bajo la almohada, no quiero caer. Quiero amarrarme a la cama, coserme a ella, cada parte, cada trozo de cuerpo, y mantenerme inerte por un rato, sólo un rato. Después, despiértame.

miércoles, 24 de febrero de 2010


para no tropezar me invento otra ruta
disparo al aire y me echo a temblar

no hay otro cielo en el suelo que pisas
no hay más materia
que la saliva en tu boca
tu mano en mi espalda
y mi vida en tu globo ocular

empiezo de nuevo, pero nada es nuevo
intento llegar, pero no sé llegar

ya sé que no entiendes mi vida
y sí, duele, aunque no veas la herida