Ése es este tren; El Tren de los Sueños. Podrás viajar y conocer paisajes no inventados, cielos imposibles y playas de arenas extrañas.
Noa, mi niña dulce de cuatro años, lo ha inventado, y sólo le ha hecho falta un poquito de ayuda y unos rollos de papel higiénico. Noa siempre sonríe cuando jugamos, y siempre me escucha cuando la cuento cuentos y disfruta con cada cosa que hacemos. Y yo la quiero más que a lo que más se quiere.

En su primera parada ha elegido El polo Norte, su Polo Norte. Ojalá supiera ver cómo es, cómo está decorado en su mente. Puede que algún día me lo cuente. Y nos quedamos sentadas en el andén, soñando, mirando, riendo y buscando destinos.
Desde que sus papás la regalaron La Fontana de Trevi dentro de una de esas pequeñas bolitas en las que al darle la vuelta se vuelven locos unos copitos de nieve, quiere ir a Roma. Cerraremos los ojos y nos iremos a pedir deseos. Sólo hay que cruzar los dedos, cerrar los ojos y desearlo, con mucha fuerza para que el viento acompañe.
Y aquí estamos, sentadas en el andén, soñando lugares. Si quieres venir te invitamos al tren. ¿Te vienes?