
El calor ha hecho surco en mis hombros y el asfalto se ha dilatado. El sol me envenena, no me deja pensar. La música invade la esfera de lo que alcanza la vista, pero sólo está en mí, sólo la escucho yo. He buscado ese sitio donde sopla la vida, donde el destino se encuentra a babor, y por más rápido que he caminado no he llegado a ningún lugar. A veces lo entiendo. A veces lo intento. A veces no hay nada, pero siempre hay motivos. Supongo que el susurro me acompañará para apaciguar los gritos. Los gritos; no sabía que incluso el hielo grita cuando está presionado allá en los mares helados, y me ha parecido hasta poético. Me he sentido hielo por un instante, pero en este mar nadie me ha oído. Necesito silencio y mares helados y hielo, mucho hielo, pero en silencio y sin presión. Todo hielo. Y mares.