No era tan triste. No dolió tanto.
No era necesario el lamento y mucho menos las lágrimas.
Sobró el suspiro y ese llanto tan tonto de niña pequeña.
Fue absurdo el temblor de manos y el dolor de cabeza.
De verdad, no fue para tanto.
No era real esa manada animal que desvencijó el corazón.
El alma sólo es un cuento para rellenar líneas blancas de falsos poetas.
No. El drama fue un escaparate chistoso y caprichoso.
No era necesaria tanta desgana.
Ni tantas mañanas rezando por poder poner los pies en el suelo
y la mirada en el cristal.
Nada se coló por las arrugas del colchón,
ni las noches eran noches perdidas,
aunque todos los días parecían un mismo día sin sol.
Pero de verdad que no, no fue tan triste.
Ahora lo sé. Y ahora soy capaz de decirlo.
2025, cogiendo ritmo
Hace 3 semanas


